1-M: El día que EE.UU. acabó con su fantasma

Barack Obama comparece en La Casa Blanca/ Youtube WhiteHouse

La obsesión de Estados Unidos ha tocado a su fin: Bin Laden. El terrorista que llevaba casi 10 años al frente de la lista de los más buscados, ha caído en una operación en Pakistán.

Al frente del dispositivo han estado dos helicópteros y 20 SEALS, que han acabado con la vida del líder de Al Qaeda además de con uno de sus hijos, dos hombres y  una mujer no identificados.

La captura y muerte de Osama Bin Laden ha sido posible después de que en agosto la CIA recibiera la confirmación de que la pista que seguían desde hacía unos años, y que afirmaba que el líder de los talibanes se escondía en Pakistán, en una urbanización lujosa a dos horas de Islamabad, era sólida.

La confirmación del suceso ha venido dada por Barack Obama que compareció anoche en la Casa Blanca. Aunque el presidente no quiso ahondar en detalles sobre la operación, antes de finalizar el discurso afirmó que finalmente “se ha hecho justicia”.

Discurso de Obama:

Los neoyorkinos celebran en Times Square la noticia:

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La falta de libertad de expresión auspicia las revueltas en el norte de África

La Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU (1948) estipula en su artículo 19, referido a los derechos civiles y políticos, en el apartado dedicado libertad de expresión y prensa que “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Protesta árabe/ CC americanistadechiapas

El norte de África, que se ha visto envuelto en numerosas revueltas en contra de los dictadores que gobiernan sus países, carece de este derecho fundamental.  Los medios de comunicación de estos territorios han sufrido un estrecho control gubernamental en un intento de frenar publicaciones que consideran tabú o desestabilizadoras. Directores y periodistas de cualquier ámbito de la comunicación, ya sean grandes o pequeños medios, han debido atenerse a normas establecidas por los regímenes a la hora de realizar su trabajo.

En este intento de ser “periodistas”, los trabajadores se veían obligados a evitar temas conflictivos y que podrían poner al descubierto la corrupción de las altas instituciones. No acatar estas normas escritas (o no escritas) era un billete al acoso, el desprestigio, condenas por insumisión o contra el régimen, etc.

Lo que se publicaba debía pasar el filtro de lo políticamente correcto dentro de los estándares establecidos por el Gobierno. A esta situación no se la puede denominar censura, porque sería algo de carácter medianamente temporal o puntual. Lo que se ha venido practicando durante años en países del norte de África ha sido la nulidad de libertad de expresión y prensa.